19/6/08

El sabor a sal y el olor a mar se mezclan con la brisa que llega desde el paseo marítimo, y me vienen a la cabeza pieles de color rosado. Arena, camisetas que pican en la espalda por el salitre, pieles aterciopeladas y adictivamente suaves.
Y todo llega, bajo el sol de agosto. Olores a hierba mojada y a manzana, a sidra derramada, a serrín bajo la barra de un bar. La soledad se hace más llevadera, y la playa y la juventud nos empuja a salir a la calle a gritar, a bailar. Las noches son de día, y los días se multiplican.
Los amores que llegan en verano son para siempre, los que se van también.

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