El amor, cuando se marchita, rompe las telarañas olvidadas de tu desván. Y mientras los falsos alardeos dejan de cobrar sentido, las lágrimas muertas de su corazón mueren con un nuevo año. La vida es cruel, y se ríe a nuestras espaldas como un niño en verano. El amor, que otrora fue puro, ya no es tal, y las sombras chinescas de sus regalos de reyes llaman a mi puerta como punzones afilados. Un nuevo ciclo, una nueva vida. Con dolor, con pasion. Con lágrimas que creía olvidadas. Y todo deja de tener una razón. Las lisonjas no eran tales, y los desmayos de amor se apartan de mi camino, para dejar hueco a ojos llorosos y coches lúgubres. El amor es cruel. Y ya lo dijo Sabina, lo peor del amor es cuando pasa, cuando al punto final de los finales no le siguen dos puntos suspensivos. Lamentablemente, y para desgracia de ella, los dos puntos faltantes nunca llegarán. Y las rosas que adornaban nuestros jardines, volverán a pinchar para siempre.
Nunca fue mi intención el corromper su alma inocente. Llámame traidor. No lo soy. Y juro que nunca pesqué en mar ajeno. Tan sólo fueron leves palabras de amor. ¿Y qué? Si al final todo es mentira. Si hasta el más puro del los pecados se vuelve papel mojado. Si lo importante es la forma. Si lo importante somos los dos. El singular nunca fue mi fuerte, pero a base de valentía y de honor, se ha vuelto yo.
Nada es peor que la muerte. Pero se le acerca el saber, que ya no queda amor.
Hasta siempre...hasta que entiendas que tú, hace tiempo que no eras yo.
A la mejor de mis escuderas. A mi alma gemela, a mi todo y mi nada, a ella, que rompía los moldes con palabras hercúleas. A su tesón, a su alma. A su carita de malva. A sus noches sin ron. Porque te quise. Porque siempre supiste quién soy.
Todo cambia. Todo duele. Todo. Incluso yo.
Perdón, si rompí las reglas. Mi libro está roto, mi alma está muerta, ¿y tu? llora, que me lo merezco, por abrir tu puertas.
Hasta siempre...te quise.
Siempre yo....
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