16/12/08

-¿Que seguridad hay?
-Ninguna
-¿Que posibilidades tengo?
-Nulas
-No me arriesgo. Nadie prueba la profundidad de un río con los dos pies.
-Hay dos metros de calado.
-¿Y si me engañas?
-¿Y si no...?
-No te puedo creer. Despiértame cuando acabe Diciembre. O mejor, vuelve a arroparme en Enero
-Así lo haré.


Y pasaron, con más pena que gloria, el atardecer menos rojizo de su vida, volando al azar como vencejos perdidos, picoteándose entre brisas opacas, cantándole en secreto a las verdades ocultas y a las mentiras del aire.




Y sucedió tal noche como hoy, que la madera se iluminó como de fuego, roiendo sus vetas con colores carmín y terciopelo. Y mientras los sabios se llevaban las manos a la cabeza, yo las llevaba a mi pecho, imaginando lenguas de fuego recorrer tu cuerpo, forjando a golpes poros de tu piel, sudando a mares hojas de papel. El calor era helado, y los colores sonaban en un sinestesia absurda. Y tus dedos no eran dedos, y tú no eras tú sino nosotros, las hojas volvían a sus árboles y la tierra se contraía. El agua encendía el fuego y mis manos desbastaban tu nuca, tu respirabas mi aliento, yo te respiraba a tí...

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